La educación ambiental es un desafío para el presente y el futuro de la población mundial. Las buenas prácticas ambientales requieren del compromiso de todos los actores del entramado social, ninguno queda afuera.

En este escenario, es importante comenzar a utilizar los conceptos precisos para referirse a las cosas que se quieren nombrar.

Los mal llamados “agrotóxicos” son en realidad productos fitosanitarios químicos y biológicos de uso agropecuario aprobados por los organismos nacionales pertinentes (como Senasa en Argentina, EPA en Estados Unidos, o la Agencia Europea).

La prescripción de uso de estos productos tiene que ser realizada por un profesional ingeniero agrónomo a través de un instrumento denominado receta fitosanitaria. En la misma se indican las denominaciones prescritas, las dosis correspondientes, las condiciones de aplicación, el tiempo de de clausura para ingresar al lugar, entre otras variables. Es un documento similar (pero con más detalle) a una receta médica que prescribe medicamentos de uso humano, o una receta veterinaria cuando prescribe un medicamento de uso animal.

En la salud humana, cuando estas prescripciones no existen y se consumen medicamentos que deben ser expedidos bajo receta, la automedicación puede provocar importantes daños a la salud.

De la misma manera ocurre con los fitosanitarios (de exclusivo uso profesional a cargo de los ingenieros agrónomos) que, cuando son utilizados sin la existencia de esa prescripción volcada en una receta fitosanitaria,  pueden devenir en tóxicos en el sentido de que no sólo no se sabe qué se aplica, cuánto, cómo ni por qué, sino que no hay un profesional responsable en casos de mala praxis.

La clave está en la profesionalización de las tareas agropecuarias. En el campo, los profesionales juegan un rol fundamental en términos productivos y económicos, pero también resguardando el ambiente, la salud y la sociedad.

Lo que se aplica mal y de más no sólo contamina sino que es, además, una inversión innecesaria. Saber qué aplicar, cuándo, cuánto y cómo, es garantía de sustentabilidad y requiere de la actuación profesional.

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